Los
cuatro pilares de la educación
Para cumplir el conjunto de las misiones que les son
propias a la educación debe estructurarse en torno a cuatro aprendizajes fundamentales:
Aprender
a conocer, es decir adquirir los instrumentos de la
comprensión, comprender el mundo que lo rodea al menos para vivir con dignidad,
desarrollar sus capacidades profesionales y comunicarse con los demás.
Es fundamental que cada niño, donde quiera que este,
pueda acceder de manera adecuada al razonamiento científico y convertirse para toda la vida en un amigo de
la ciencia.
Aprender para
conocer supone en primer término aprender a aprender, ejercitando la
atención, memoria y el pensamiento.
Aprender
a hacer y aprender a hacer son en gran medida indisociables, para poder influir sobre el propio entorno, cómo
enseñar al alumno a poner en práctica sus conocimientos y al mismo tiempo como
adaptar la enseñanza al futuro mercado.
Ya no pueden considerarse mera transmisión de prácticas más o menos rutinarias,
aunque estos conserven un valor formativo que no debemos desestimar. La
relación con la materia y la técnica debe ser complementada por una aptitud
para las relaciones interpersonales.
Aprender
a vivir juntos, para participar y cooperar con los demás
en todas las actividades humanas, la historia humana siempre ha sido
conflictiva, con elementos nuevos que acentúan la autodestrucción desde el
siglo xx a través de los medios de comunicación masiva, la opinión pública se
convierte en observadora impotente. La idea de enseñar la no violencia.
Aprender
a ser, un proceso fundamental que recoge
elementos de los tres anteriores.

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